Preparando tu espacio
Preparando tu espacio
Qué cuesta hoy un concepto en el mercado, para que no cotices con el precio del año pasado. Lo alimentan las compras que registran los despachos que usan Constructiva — incluido el tuyo, con reglas que conviene conocer.
En Cotizador → Índice de precios. Desde ahí entras a la ficha de cada concepto, con su serie de los últimos meses.
Es lo más importante de esta página, porque no se puede adivinar mirando la pantalla. Cuando registras un egreso con partidas, sus precios pueden alimentar el índice. No todos lo hacen:
Materiales, herramienta y equipo. Son precios de tienda o distribuidor: lo que tú pagaste por un bulto de cemento no le dice a nadie cómo trabajas.
Subcontratos y servicios. Esos revelan tu margen y tu red de proveedores, así que se quedan privados siempre — aunque el resto se comparta.
Lo que se comparte es el precio unitario del concepto, no tu egreso: no viaja de quién compraste, ni el proyecto, ni el monto total.
Las tarifas de mano de obra no se comparten. Están apagadas de fábrica y siguen así hasta que tú enciendas el interruptor en Ajustes → Datos fiscales y pago. Si nunca lo tocas, no cambia nada para ti.
Si lo enciendes, esto es exactamente lo que viaja y lo que no:
El oficio —«albañil oficial», «electricista»— con su jornal y tu zona. Nada más.
El nombre de tu trabajador, su raya, sus días, a qué obra fue ni cuánto lleva contigo. Nunca sale una persona: sale un oficio.
Y aun encendido, hay una segunda protección: una tarifa no se publica hasta que tres despachos distintos aporten la misma. Con uno solo, «el promedio de la zona» sería su nómina con otro nombre; con dos, cualquiera de los dos despeja al otro restando. Tres es el mínimo donde el promedio deja de señalar a alguien.
No es retroactivo. Lo que capturaste antes de encender el interruptor se queda privado para siempre: se registró cuando esta página prometía que la mano de obra no se comparte, y esa promesa no se cambia por detrás. Solo entra lo que captures a partir de que aceptes. Y si lo apagas, deja de entrar lo nuevo; si lo vuelves a encender, la cuenta arranca otra vez desde esa segunda vez.
No todos los datos del índice son compras. La pantalla los nombra distinto a propósito, y la diferencia cambia cuánta confianza merece un número:
Si un concepto dice «6 precios de referencia» en vez de «6 compras», no es un detalle de redacción: es que nadie ha comprado eso todavía.
No hay nada extra que hacer: al capturar un egreso con sus partidas y ligarlas a un concepto del catálogo, el precio entra solo — con las reglas de arriba. Mientras mejor desglosas tus egresos, mejor es el índice para todos, incluido tú el año que entra.
También cuentan tus cotizaciones aceptadas con desglose de insumos (APU o licitación): sus insumos entran como señal aparte — lo que un despacho estima que cuesta, no una compra pagada — y por eso nunca mueven el precio de referencia que ves en el índice. Aplican las mismas reglas de privacidad de arriba. Y un presupuesto y la cotización que derivaste de él no cuentan dos veces: el mismo insumo al mismo precio entra una sola vez por familia; si re-precias un insumo en la derivada, ése sí es una observación nueva.
⚠️ «Con desglose de insumos» es la condición, y hay un caso que la gente asume y no la cumple: un presupuesto que pegaste desde Excel llega con el precio de cada partida pero sin los insumos que lo forman, así que no contribuye al índice aunque lo aceptes y sea formato APU. Casar sus renglones con el catálogo al importar les da identidad y te deja compararlos contra el costo de catálogo; para que además contribuyan, esas partidas necesitan su desglose de insumos, que hoy se captura en el editor de APU.
Y cuando pagas una corrida de raya, la tarifa de cada oficio queda en tu historial. Ésa sí es una compra: es dinero que ya desembolsaste por un jornal. Pero es mano de obra, así que nace privada y sigue las reglas de arriba — sólo sale de tu despacho si enciendes el interruptor, y ni así se publica hasta que tres despachos distintos aporten el mismo oficio. Lo explica Raya y cuadrilla.
Un gasto que pagó tu cliente también cuenta. Cuando registras un egreso de obra supervisada —el que marcas porque el dinero no salió de tus cuentas— sus partidas contribuyen igual que las tuyas, con las mismas reglas de arriba. El precio es real y se pagó en tu obra: lo que cambia es de quién salió el dinero, no cuánto costó el material. Decisión del dueño, 2026-09-16.